Alájar
asalta al viajero entre bosques de castaños
y alcornoques con su espectacular monumento
natural, la Peña de Arias Montano.
Las numerosas
y pintorescas aldeas engullidas por la
frondosidad de la zona acompañan
a esta bella población de Alájar,
que se sitúa en el corazón
del Parque Natural Sierra de Aracena y
Picos de Aroche.
La riqueza de
sus manantiales y fuentes han moldeado
un municipio que sus vecinos han sabido
mantener inalterable y engrandecerlo con
tradiciones y manifestaciones culturales
de gran renombre en la Sierra. Un ejemplo
de ello es la Romería de Nuestra
Señora de los Ángeles, fiesta
grande de la localidad y romería
de la Sierra por excelencia.
Aunque
existen indicios de la presencia
prehistórica del hombre en
Alájar, pues la "Sillita
del Rey" se ha considerado
un testimonio de arquitectura megalítica
(Moreno Alonso, 1979; 86) y las
oquedades del término facilitarían
un hábitat troglodítico,
hasta la época romana no
encontramos una ocupación
intensa del término.
En el siglo
V parece que San Víctor vivió
en la peña de Alájar,
y hay bastante acuerdo en la presencia
constante de eremitas y anacoretas,
atraídos por la belleza de
los parajes de esta sierra.
La leyenda
de este territorio se hace realidad
en la época musulmana, que
le bautiza con el nombre de Alájar,
que etimológicamente significa
piedra.
En la reconquista,
Alájar fué tierra de frontera
y litigio entre las coronas de Castilla
y Portugal, interviniendo en su toma la
orden militar de santiago, quien la obtuvo
como lugar de señorío.
Un núcleo importante se asentó
en los Montes Orullos, donde se construyó
la iglesia dedicada a San Bartolomé.
Desde estas fechas
Alájar se va a erigir en asentamiento
de mayor vitalidad, reseñado por
la construcción de la iglesia dedicada
a Nuestra Señora de los Angeles
de la Peña, lugar que enlaza con
la corriente telúrica de lo sagrado.En
1559, don Fadrique Enrique de Rivera,
duque de Alcalá, compraba los lugares
de Galaroza y Alájar.
Por
la misma fecha, don Benito Arias
Montano, famoso humanista, convertía
la Peña en atalaya de recreo
y meditación. En 1640 Aracena
y sus aldeas pasan al señorío
del Conde Duque de Olivares.
En estos siglos,
los señores ejercen su presión
tributaria sobre Alájar, y la misma
ciudad de Aracena la presiona en exceso,
hasta tal punto que la relación
continuada de vejaciones, así como
el cobro de los débitos reales
y penas, provocaron la huida de varios
vecinos a otras partes. Estas razones
obligan, con unos bríos inusitados,
a pedir continuamente su independencia
de Aracena.
En
1700, reinando Carlos II "el
Hechizado" y con el consentimiento
del señor de Alájar,
Marqués de Leganés
y principe de Aracena, se le otorgó
el título y condición
de Villa.
La consolidación
de Alájar se realiza en el
siglo XVIII. La economía
rural se diversificó con
un sustancioso incremento de la
actividad ganadera y la presencia
de comerciantes que eran necesarios
"por no producir la tierra
para mantener a tanta gente".
En 1752 el catastro del Marqués
de la Ensenada contabiliza 397 vecinos,
y en 1786 el censo de Floridablanca
las eleva a 1.875.
En 1857, la rebelión
de las minas de San Miguel en Almonaster
estuvo protagonizada por naturales de
Alájar y fue una revuelta elemental
contra la miseria. De esta forma se abren
las puertas a un siglo XX presidido por
la agonía de un pueblo que abandona
su tierra.
El ciclo festivo
de Alájar se centra en su fiesta
estrella, la Romería de Nuestra
Señora de los Ángeles. Esta
tiene lugar en la ermita que lleva su
mismo nombre en la Peña de Arias
Montano.
La víspera
de la romería comienzan los
actos festivos. Desde Alájar
parte “El Poleo”, una
comitiva de vecinos y autoridades
civiles y religiosas, hasta llegar
a la Peña. La madrugada del
8 de septiembre numerosas hermandades
de distintos pueblos peregrinan
hasta Alájar en carrozas,
a caballo y a pie.
Una vez que han
llegado las hermandades filiales se celebra
la procesión por todo el recinto.
Cuando terminan
las celebraciones en la Peña, los
vecinos de la localidad continúan
la festividad en el pueblo hasta el “Día
del Voto”, que tiene lugar el domingo
siguiente al día de la patrona.
Las
otras romerías que tienen gran
aceptación en Alájar
son la de la Virgen de la Salud y
la Romería de San Bartolomé.
La primera se celebra el último
domingo de agosto en la aldea de los
Madroñeros.
La Romería
de San Bartolomé acontece el sábado
y domingo anteriores al 24 de agosto.
Un cortejo parte desde Alájar a
la ermita. El camino se hace más
llevadero gracias a un refrescante ponche
que es degustado por los romeros. Una
vez en la ermita tienen lugar actos religiosos
y lúdicos. Destaca entre ellos
una capea en un antiguo coso de piedra.
La
gastronomía local está
centrada en los productos que los
vecinos extraen de las fértiles
huertas que rodean la población
y los manjares derivados del cerdo
ibérico elaborados en las
matanzas caseras.
Algunos
de los platos tradicionales son
los guisos, migas y la sopa serrana.
En repostería destacan los
pestiños, flores, piñonates
y postres elaborados con castañas,
fruto indispensable en otoño.
En cuanto a la artesanía, se
ha recuperado algunas actividades
tradicionales tales como la cerámica,
la marroquinería y la fabricación
manual de taburetes hechos de corcho,
materia prima muy abundante en la
zona.
La
Peña de Arias Montano
representa un monumento
natural emblemático para
la localidad y para la Sierra en
general. Su privilegiado emplazamiento
permite disfrutar de impresionantes
vistas de la población y
de las sierras próximas a
Alájar.
La
composición caliza de este
espacio provoca que se creen pequeñas
cuevas que aumentan el
atractivo de la Peña. Actualmente
existen contabilizadas más
de una treintena de oquedades, algunas
de las más importantes se
les ha bautizado con nombres como
“Sillita del Rey”, en
las traseras de la ermita o “Salón
Oscuro”.
En
la Peña
se sitúa una de las ermitas
serranas más visitadas
del Parque Natural, la ermita
de Nuestra Señora de los
Ángeles. El templo
tiene origen medieval, el cual
se ha reformado en varias ocasiones
hasta nuestros días. En
su interior se encuentra la imagen
de la Patrona de la Sierra, la
cual goza de una enorme devoción
en toda la comarca.
Además de paraje natural
de extremada belleza, la Peña
de Arias Montano ofrece otros
elementos de interés históricos
y arquitectónicos. Uno
de ellos es una portada
en forma de arco con aires renacentistas,
el cual se supone que daba acceso
a un jardín.
Otro
de los elementos a destacar es una
espadaña acompañada
de dos garitas próximas
a una valla de protección
que delimita el mirador. También
existe una fuente que recoge el
agua de un manantial inagotable
que baja del cerro de la Peña
y pasa a través de la población.
El
caserío
bien conservado constituye otro
de los ejemplos de la riqueza visual
del municipio. Casas encaladas
con tejados rojos en un
paisaje urbano adaptado a la topografía
e integrado en el medio. Esta buena
muestra de arquitectura popular
tuvo su reconocimiento en 1982,
con la declaración de Conjunto
Histórico.
Otro
detalle de que respalda este galardón
y que se repite en otros pueblos
vecinos son los llamados llanos,
mosaicos elaborados con piedras
en la entrada principal de las viviendas.
Actualmente se usan como elemento
decorativo con distintos dibujos
geométricos combinando la
piedra blanca y negra. Pero no hace
muchos años tenían
una finalidad determinada, la de
que las bestias no resbalaran cuando
entraban en las casas para dormitar
en los patios.
Alájar
cuenta con otro edificio religioso
en el casco urbano, la iglesia
parroquial de San Marcos.
Este monumento del siglo XVI preside
majestuosamente las calles centrales
del pueblo. El templo contaba con
un importante patrimonio artístico,
pero pocos sobrevivieron a la guerra
civil. De entre ellos mencionar
una talla de San Marcos del siglo
XVIII y otra de San Antonio del
mismo tiempo.
En
los alrededores de Alájar
existen varias pequeños
núcleos de población,
que empiezan a repoblarse por
artesanos y amantes de la naturaleza
en estado puro. Algunos de ellos;
El Collao y El Cabezuelo, de fácil
acceso, y El Calabacino y los
Madroñeros a los que sólo
se puede acceder a pie por unos
bellos senderos.